Monday, August 22, 2011

Signos inequívocos del verano inexorable

El cambio de hora que me hace sacar al perro a pasear a oscuras en la mañana es una cosa... Pero hay otras cosas que anuncian de forma más patente la llegada de la maldita temporada estival.

Convengamos que I am not a summer person. Therefore, la proximidad del verano me vuelve más hostil que de costumbre. Así que estos signos son portentos de la mitad del año que no me gusta. Lo bueno es que los giles se van de vacaciones y me despejan las calles y las plazas. Lo malo es que antes de eso hay que bancarse Diciembre, que es donde todos los giles salen a las calles y plazas como si el mundo se les fuera a acabar...

Pero bueno, a lo que nos convoca: las señales de que la temporada está cambiando en mi casa:

Hoy el perrito fue con su padre a jugar a la plaza. Todo bien, solcito, jugando al disco... por cinco minutos...  Y luego:



No dio más, el calor lo clotió. Lengua de macha e indiferencia ante el disco, el objeto más preciado que existe ante su cabecita de perrocafé...

El otro día fuimos a la plaza y corrimos harto. No hacía calor, pero cuando el perrito llegó a la casa...

... este fue el resultado
Con suerte alcanzó a llegar a su plato de agua, para tomarla y luego desplomarse ipso facto, sin siquiera tener la decencia de encontrar un lugar más adecuado. O menos en-medio-del-escritorio.

Otro portento, esta vez relacionado con los cuts: las bolas de pelo han empezado a rodar. No las he fotografiado porque francamente me dan asco. Y alergia. Pero la cosa es que desde hace una semana que en cada rincón donde se forma corriente aparecen unas bolas de pelo tamañas. Parecen de esas bolas de heno que ruedan por el desierto cuando alguien cuenta un chiste fome. Pero de pelo de gato. Y nadie ha contado chistes.

Es decir, ha llegado la temporada de pelechar. Al menos los gatos y el perro han tenido -hasta ahora- la decencia de pelechar en temporadas distintas, pero no me cabe duda de que el perro va a atinar pronto que pelechar en Mayo no es lo más optimo y se va a sincronizar con los cuts. Eso será el Armageddon. Del pelo.

Lo bueno es que el Aremi y el Sasquach ahora descubrieron que les gusta que los cepille, hasta en la pancita, lo cual es delicioso. Lo malo es que nunca es suficiente y tarde o temprano empezarán las invocaciones a Cthulhu, que con un suave IA IA CTHULHU FHTAGN! nos recordarán que no hay primavera sin regurgitación de pelo de gato en el piso flotante y la alfombra.

Por ahora, les dejo una foto que nos recuerda que siempre tras el sol se esconde la nieve, que no hay que perder la esperanza, que todo es circular y que todo pasará. Tras todo verano, viene un otoño. Después del calor sofocante, siempre viene la lluvia.

Winter is -eventually- coming.

Rustito en la nieve de la semana pasada. En pleno Santiago!!

Saturday, August 6, 2011

Los peludos y el agua

Así como las reacciones ante el movimiento estudiantil de los gatos y perros son radicalmente diferentes, sus reacciones ante el agua también lo son.

Exhibit A:

Exhibit B:





Rusty ve agua en la que cache que topa el fondo y se tira como desaforado a ella. No importa si es invierno, verano, si hay 10 grados bajo cero, como en Malalcahuello o si el agua huele pútrida y, por ende, el perro huele ídem después... Nada importa, la cosa es chapotear.

Su aproximación al baño es homologable. Si bien el entusiasmo es menor, se mete a la tina voluntariamente y se queda quietecito mientras lo mojan, jabonan, refriegan y asean. Su entusiasmo sólo decae cuando hay que secarlo con secador, razón por la que en invierno somos más reacios a bañarlo y lleva como 4 meses sin bañarse. Igual huele delicioso... sort of.

Para la reacción de los gatos ante el agua no hay videos ni pruebas... excepto cicatrices en brazos y cara, de las cuales preferimos no hablar.

Sólo una vez bañamos un gato: al Krachito cuando era muy pequeño y se metió por el huevo del lector de CD de un PC que no tenía dicho lector, sino el hoyo abierto. Sasquach encontró que era perfecto: calentito, oscuro y cabía justo. Derechito para adentro va el gato hasta que nos dimos cuenta y sólo se veía la cola. El computador estaba prendido, ventiladores y lectores funcionando. Se veía venir el infierno de pelos y desastre...

El mono atinó con premura: agarró el último centímetro de cola que salía para afuera del PC y tiró nomás. You have to do what you have to do. Y al Kracho no le gustó nada. Chilló, rasguñó, se retorció y, por sobre todas las cosas, se meó. 

Esto era aún en período de adaptación con el Demian, así que gato nuevo con olor a meado de susto fue insostenible: había que bañarlo.  Como dije no tengo fotos que logren dimensionar este desastre, pero la sombra en nuestras caras cuando recordamos el incidente deberían bastar...

De más está decir que nunca más intentamos bañarlos y hasta ahora no ha habido otra vez una tragedia de tal magnitud que nos haga adentrarnos en el espeluznante, oscuro y sangriento mundo de bañar un cutini.

Los peludos y el movimiento estudiantil

Mis animalillos se habían mantenido más o menos al margen del movimiento estudiantil. Hasta el 4 de Agosto.

Hasta ese día (antes de ayer) su involucramiento se limitaba a uno que otro comentario del Kracho al momento en que preparábamos la comida, pero yo más bien creo en el fondo que eran sólo maniobras distractivas para ver si se nos caía algo al piso.

El Kracho comentando lo que se cocina


Pero la cosa cambió. El movimiento llegó a nuestra humilde morada en forma de cacerolazo. Un conjunto de ruido que, además de no gustarme a nivel auditivo, me molesta a nivel conceptual.

La cosa partió más o menos modesta tipo 8:45. Pero ya cerca de las 9 y hasta pasadito las 9 y media se escuchaba bastante fuerte y en varios departamentos de los edificios vecinos. La acústica de valle entre los edificios generó un efecto amplificador parece, porque la verdad parecía venir de todos lados.

El valle de los edificios, se escucha todo!

Yo no me pude mantener al margen cuando la cosa ya era definitiva: el barrio se había unido al cacerolazo. Al tiempo que comentaba por WhatsApp con la única amiga que me va quedando casi que sufre con este tipo de cosas como yo, decidí tomar cartas en el asunto y me dispuse a manifestarme. Entonces agarré un cuerno que me traje de Bélgica que suena más fuerte que la cresta y me dispuse a tocarlo. Un poco para que no se escuchara el cacerolazo, for all the good that could do... y un poco porque la verdad es que en este mundo urbano y del todo no medieval, hay pocas oportunidades para tocar un cuerno con impunidad... La verdad es que suena tan fuerte que no tengo muchas opciones.

Este es el cuerno. Es de vaca, pero ninguna vaca murió en el proceso, or so they claim.

Así que durante un buen rato estuve en la ventana que da al valle de los edificios, tocando el cuerno.

Así, pero de noche

Ahora,  los peludos:
  • Los gatos me acompañaron con intriga y diversión en todo el proceso. Se subieron a la ventana conmigo y miraban para afuera con desdén. Por fin entendieron la postura de esta casa! Fielmente me acompañaron en la tocada del cuerno, olisqueando este maravilloso aparato que por tantos años había estado colgado en la pared, lejos del alcance de su curiosidad intrusa. Cuando todo terminó, disfrutaron de que el cuerno fuera olvidado en la cama y dieron rienda suelta a su inquisición peluda.
  • El perro no se veía por ninguna parte.
Resulta que el perro figuraba en la cocina -que es el lugar donde menos se escuchaba la bulla de afuera- aterrado, con las orejas para atrás, sin entender nada y seguramente pensando que el apocalipsis estaba empezando (cuernos de guerra, cacerolas por todas partes, yo lo entiendo...).

Tomó dos sesiones de juego y varios ricos poder sacar al perro de su estado de estupor pavoroso y convencerlo de que una manifestación ciudadana no es el fin del mundo. Quién lo diría, el perro resultó ser más facho que yo...

Así que la noche volvió a la calma y nosotros sacábamos cuentas de a quién de nuestros peludos quisiéramos tener al lado en caso de un verdadero apocalipsis. Una pista: no es café.

Monday, July 4, 2011

Peludos en invierno

Convivir con perros y convivir con gatos en invierno es algo totalmente distinto que extrema las diferencias entre una y otra especie y la relación que uno entabla con ellos.

Por ejemplo: todos se vuelven más melosos y cariñosos, no es raro: tienen frío y quieren abracitos. Pero de noche, cuando hay que compartir la cama y la Scaldasonno es muy distinto si es con un gato a si es con un perro... Los gatos son bienvenidos, de un tamaño aceptable, bien peluditos, calentitos, como un guatero pero que no se enfría durante la noche. A menos que mueran, pero eso es poco probable. Deliciosos y blanditos, además se acomodan a cualquier rinconcito donde quepan y se quedan de lo más quietecitos. Una delicia para compartir la cama en invierno!



En cambio los perros... los perros... sigh. Los perros sí, son calentitos, pero no son blanditos, no se quedan quietecitos, no se conforman con un pequeño espacio y al menos el mío parece crecer como 50 cm y 20 kilos en la noche!!! Yo no sé si tendrá epilepsia del sueño o simplemente al getón le gusta mucho moverse y reacomodarse de noche. Y resulta que justo sus reacomodes son de la siguiente forma: se acuesta entre el mono y yo. Ya, tierno, le hacemos algo de cariño y se duerme. Cute. Hasta que se duerme más profundo y se empieza a estirar. Yo estoy convencida que en ese proceso se le estiran las patas, porque el espacio que logra ocupar es muchísimo más del que uno se imaginaría de un humilde perro flaquito de 17 kilos.

Todo ese espacio ocupa!!


Entonces apoya la espalda contra uno de los dos y estira las cuatro patas hacia el otro. Y EMPUJA!!! perro de mierda! Cómo lo odiamos de noche!! Entonces el mono se dedica a echarlo de la cama sólo para que el perla espere un par de minutos hasta que cree que nos dormimos y se sube de nuevo a la cama para empezar el proceso otra vez... Y claro, a esas al turas el mono ya ronca pero yo ya me desvelé para siempre, o al menos por un par de horas. Y vamos empujando a los humanos de la cama.

Este es su ideal: ocupación total de la cama con erradicación de todo otro ser vivo

A esto se suma que yo ya había cedido un poco de espacio a los gatos... aunque ellos son re decentes y suelen quedarse a los pies de la cama (da el caso que la Scaldasonno también está ahí...)

Pequeñitos, moderados y más encima se juntan para ocupar menos espacio

Así que así están nuestras noches, parte batalla campal, parte juego de estrategia de tablero, de esos donde la meta es ocupar la mayor cantidad de territorio con las movidas estratégicas más inteligentes y previsoras... Y en parte delicioso porque todos juntos dormimos más calentitos!!!

Sunday, July 3, 2011

And the instinct kicked in

El fin de semana pasado, que era largo, me tomé un par de días y nos fuimos de viernes a martes a Malalcahuello. Al sur. Al campo. Con el perro.

Los cuts quedaron al cuidado de mi madre, quien vino todos los días a darles comidita, besos y abrazos. Y a limpiarles su arena. Vayan mis agradecimientos públicos.

Y bueno, fueron 9 horas en la carretera en las que Tosti se portó insospechadamente bien: se quedó casi todo el tiempo sentado o parado mirando para afuera, todo matizado por algunas siestas en el asiento de atrás. Muy decente. Un buen augurio para el fin de semana, ya que no sabíamos realmente cómo se iba a portar.

Temíamos que el perrito le temiera al sur, a las ovejas, a los perros de allá. Temíamos que pisara la nieve y se devolviera al auto... Temíamos que el frío lo mantuviera dentro de la casa. Y el pronóstico era de 10 grados bajo cero para ese fin de semana...

Pero no, Rostito se encargó de taparnos la boca con cada uno de nuestros pronósticos con respecto a su miedo. Le abrimos la puerta en la casa y saltó a la nieve como el perro más feliz del mundo!!


Saltó y corrió como si la nieve fuera lo más glorioso del mundo. Y bueno, la verdad es que yo creo firmemente que la nieve ES lo más glorioso del mundo. Así que bien por Rusty, compartimos una primera afición en común en el sur: caminar por la nieve y sentir como las patitas se hunden en una capa blandita y crujiente de nieve recién caída hace un día. Patitas ya sea con zapatos o con pelo.

Parece recién entrado a Narnia!!
Y bueno, así con el perro en el sur. Estaba en su elemento, feliz como lombriz, conociendo de todo: árboles nuevos, animales nuevos, nieve, hielo, frío de la CSM y calefacción a leña.

Y así fue como se configura la escena siguinte: entra de pescar en el río un amigo de mi suegro con unas pierneras de cuero de oveja que se había mandado a hacer ante las cuales... el perro salió corriendo como desaforado!!!  Le tuvo pavor a las pierneras!!  Primero nos dio risa, pero cuando cachamos que Rustito realmente sufría y creía que esa criatura del averno venía a por su alma de perro para torturarlo hasta el fin de los días... bueno, ahí ya no era tan chistoso, porque la verdad el pobre llevaba un buen rato huyendo del individuo y se notaba que ya no estaba feliz...

Y así con la fe que le teníamos al perro pastor. Huyendo despavorido de una oveja muerta... Lo más triste fue que tras sacarse las pierneras, el ser las dejó en un rincón, al lado de la chimenea y Rusty no quiso ni acercarse! Por casualidad cayó ahí su juguete con el que estábamos jugando y no quiso acercarse a buscarlo... lo cual ya era mucho, porque si hay una cosa que enloquece a Rusty y lo hace olvidar todos sus males, son sus juguetes. Y nada... ahí dejó su Wubba, en medio de los cueros de oveja. 

Así que ya perdíamos las esperanzas de que el instinto alguna vez se hiciera presente en nuestro Border Collie miedoso. Total que mejor nos dedicamos a pasear con él.


Y así llegamos a uno de los últimos días... cuando pasaron las ovejas por fuera de la casa... la prueba de fuego.

Pasaron al lado y algunas se detuvieron en la entrada. Y sacamos al perro... al perro pastor miedoso a ver qué hacía, preparados para salir corriendo detrás de él si tenía una reacción parecida a lo que pasó con las pierneras.

Una oveja paró frente a la casa y nos miró desafiante. Una oveja casi negra, por lo demás. Y vio a Rusty. Y Rusty la vio. Y se quedaron mirando. Desafiantes. Instintivos. Y nos preguntábamos si ganaría el instinto pastor del perro... o el instinto asesino de la oveja. O el miedo de la Border Cola.

Y partió, la oveja corrió. Y ahí fue el perro, detrás de la oveja.

Rusty es un pastor!!! Todo el instinto de ir tras el rebaño le vino...


Y así ahora cada vez que ve un rebaño parte detrás on command!!

Lo más impresionante fue ver como el perro, sin que nadie se lo hubiera enseñado y sin nunca haber visto a un perro pastorear (ni a un humano tampoco por lo demás), va detrás de las ovejas y cada vez que una se escapa del rebaño él parte hecho un celaje detrás de esa oveja y la devuelve al rebaño. Como que no tolera que una se le escape.

Así que quedamos de lo más orgullosos del can, hinchados como pecho de paloma del hijo tan superdotado que tenemos.

Tal que cuando nos devolvíamos, paramos en la carretera en una Copec a echar bencina y yo llevé a Tosti a pasear, cuando un tipo me pregunta que qué perro es y que si es pastor y la wea y yo le contesté que sí, entonces hicimos un par de trucos y el tipo me dice: "esos perros deben ser bien caros sí..."  a lo que yo le contesté sin dudar: "Sí, mucho, uno entrenado como él cuesta entre 5 y 7 millones".

Así que ya saben, empiecen a ahorrar...

Llevando las ovejas al portón

El OTRO gato al veterinario

(Este blog llevaba escrito un buen tiempo pero queria postearlo con las fotos del caso, así que ahora va)


Y bueno, como no hay plazo que no se cumpla... el sábado le tocó al Demian ir a veterinario.

Preview: lo del Demian no fue como lo del Kracho. El Kracho aceptaba estoicamente su destino... el Demian NO.

Sábado en la mañana, como siempre fui al estadio bien temprano, luego dimos una paseo por el Bicentenario con Rusty y siguiendo en las actividades animalísticas me dispuse al llevar al Demian al veterinario, que es lo que correspondía esta semana.

Para empezar, el Demian no estaba tan dormido como la semana pasada, por lo que ya ponerle el arnés no fue tan fácil como con el Kracho. Se resistió, luchó y reclamó, pero lo logramos con cierta... gracia. Aún.

Tomarlo en brazos para bajar ya fue complejo. Me cachó al tiro que no quería sólo sacarlo a pasear al pasillo sino que meterlo a la fuerza a la cámara de tortura sin fin: el ascensor. Y empezó el reclamo. Físico y auditivo, es decir que me clavó las uñas en el hombro y se puso a chillar como desaforado, con ese chillido bajo y prolongado de los siameses que te dejan en claro -y a todos a tu alrededor- que eres una mierda de persona por hacerle lo que sea que le estás haciendo al pobre gatito. Ese chillido se parece bastante al del ritual de apareamiento de los gatos. Espero que Demian lo haya pensado en el primer sentido...

Llegamos al lobby del edificio. Podría haber pasado piola, pero no such luck: había una reunión de conserjes en la recepción. Y claro, el escándalo tornó todas sus enjuiciadoras cabezas hacia mí... Y bueno, ante la queja constante, lastimera y sin par del Demian, no me quedó más que poner cara de circunstacia mezclada con estupidez (siempre he creído que a la gente estúpida se la juzga menos).

Añadí -sin que fuera necesario, por cierto- que el gatito (demonio) iba al veterinario y no estaba muy de acuerdo (lo cual era tan evidente que debo haber despejado todas las dudas de los conserjes con respecto a mi CI normal lento) y partí al auto. Sinfonía peluda en brazos.




Llegué al veterinario y para maldición de maldiciones, mientras sucedía toda esta indignidad del gato indignado, tuve que esperar a que saliera otro paciente peludo de la consulta. Uno bastante más bien portado que el Demian, por cierto...

Y mientras esperábamos, puse al Demi en el suelo a ver si se calmaba un rato y no halló nada mejor que ir a instalarse en las camitas y casitas para gatos que tenían para vender. La verdad es que ahí se escondió y se quedó callado así que me quedé calladita procurando que el Demian no hiciera demasiado s destrozos cosa de no tener que, además de todo el show y la vergüenza, comprarle una camita nueva al perla. Pasamos piola, no tuve que pagar destrozos, aunque tal vez debería haber ofrecido a sacar los pelos...

Y así fue que pasamos. Ya no había tanto show y pudimos hacer lo nuestro:

El gatito amarillo fue gentileza de Eduardo, veterinario de los peludos en un intento por calmar el cut.
intentando escapar...

Rabia y Triple, all done!!

Y bueno, al final todo salió bien y reconozco que le compré al Demian una latita de comida de esa deliciosa que cuesta como dos lucas la lata... se lo merecía por tanto sufrimiento!!

Sunday, June 5, 2011

Los peludos y sus abuelos

Ahhhh... un tema polémico...

Contexto: yo soy hija única. No tengo hermanos, ergo, soy la única -y perdida- opción de que mis padres tengan nietos. Y mis suegros, si bien ya tienen una nieta, siempre querrán más.  Eso se suma a que la verdad con el mono no nos vemos demasiado motivados a tener hijos en el futuro cercano (ni lejano la verdad), entonces, los peludos son nuestra familia.

Lo cual está bastante claro en nuestra casa pero poco a poco he visto como esta dinámica se extiende a nuestras familias extendidas. ¿En qué se manifiesta esto? Pues en varias cosas:

  • Comida: cuando Rusty va a la casa de los abuelos (either set of them) es invariablemente llenado de comida -tanto nutritiva y adecuada como no- y no precisamente de parte de nosotros. Algunos hitos: galletas y palitos para los dientes comprados especialmente para él, pan, pan untado en jugo de carne, pan untado en cerveza (¡! eso fue hoy...), una sémola con mermelada completa, quesos de variados tipos y procedencias, papas fritas y un largo y delicioso etcétera. Esto es más evidente con Rusty porque los gatos la verdad es que son bastante más quisquillosos y recelosos con lo que ponen en su boca y no necesariamente consideran que el hecho de que se les ofrezca implique que haya que comerse algo. Bueno, tal vez el Kracho sí...
  • Privilegios: A Rusty le abren todas las puertas necesarias, le prestan platos, le aguantan que entre a las casas y que salga a placer... una enormidad de privilegios que nosotros nunca gozamos ni de niños ni de adultos. Qué decir de los gatos, a quienes se les permite el langüeteo guerrillero de los pelos de los abuelos (especialmente de mi papá), el frotteurismo obsceno en las piernas y chalecos de lana de colores oscuros y el acoso incansable en busca de abrazos que sólo serán rechazados el segundo en que los reciben.
  • Cuidados: digámoslo claramente: mi madre limpia la arena de los gatos más que yo... y ella no vive conmigo!! Convengamos en que yo he delegado esa tarea en la nana y reconozco que a veces más que limpiarla, la relleno... Mientras mi madre que viene a cuidar los gatos cuando salimos limpia su arena con un cuidado que sé que ni yo tendría... Lo apreciamos!!  :D
  • Perdonazos: Esto tiene que ver con el clásico malcriamiento de los nietos: el perdonazo de maldades varias. Rusty ha hecho cacas y hoyos a destajo en el patio de mis padres, el cual cuidan como hueso santo y gracias al cual yo me llevé uno que otro reto en mi infancia. El pasto sagrado, las rosas milenarias y los frutales a quienes hay que reverenciar han pasado a segundo plano cuando visita el nieto estrella. Y qué decir que cuando lo retamos por algo que no debe hacer, el reto finalmente me lo llevo yo: que por qué eres tan mala, pobrecito, si es tan bueno, se porta tan bien, si ese cojín ya estaba viejo, deja que se lo coma...

Y así es como la llegada de estos peludos ha repercutido en la dinámica de toda la familia. ¿no les pasa?

El gato al veterinario

Ayer me dispuse a llevar a los gatos al veterinario. Tenían algunas vacunas algo atrasadas y la verdad es que siempre me ha preocupado un poco lo cerdo que es el Kracho (cuya última fascinación es chupar los cuchillos que dejo en el lavaplatos tras hacerme una tostada con mantequilla). Así que mi plan de sábado en la mañana fue llevarlos a los dos a veterinario.

Plan A era llevarlos a los dos juntos, para lo cual me dispuse tanto anímica como logísticamente. Los agarré a los dos medios dormidos y les puse sus arneses con éxito: casi ni se dieron cuenta. De hecho se quedaron medio dormidos en la misma mantita en la que los pillé y a lo más atinaron a mirarme algo consternados pero sin mucha sospecha de mis planes.

Perfecto, íbamos flawless! Aprovechando que estaban medio dormidos aún dejé lista la cartera, llamé al veterinario y me metí las llaves del auto al bolsillo, le dije al mono que me iba con los gatos: todo listo para la operación cut.

Y ahi fue cuando tuve que acudir al plan B... Lista y dispuesta y con toda la energía de llevar a cabo la tarea maratónica que tenía por delante agarré al Kracho en un brazo, al Demian en otro y me dirigía la puerta. El Kracho hasta ese momento se lo bancaba bastante bien. El Demian estaba algo squiggly. Pero no calculé el hecho de que un gato en cada brazo me imposibilitaba de tomar la cartera o las llaves...

Lo intenté. Heróicamente. Bien por mi. El Demian cada vez más indignado comenzó a manifestar su desaprobación por mi plan de forma verbal y bien sonora. El Kracho lo manifestó de forma uñística - en mi hombro.

Y ahi fue cuando vi que mi plan siempre estuvo destinado al fracaso... Pero no me desanimé! Raudamente solté al Demian y recurrí al plan B: llevarlos por turnos. Pues bien. Salí con el puro Kracho que a esas alturas era sólo un par de ojos gigantes y aterrados y nos dirigimos a la veterinaria: un par de cuadras en auto que bien podrían haber sido al matadero para el Kracho, porque esa fue su actitud: procurar esconderse en cualquier hoyo oscuro que hubiera en el auto a fin de evitar la inminente tragedia.

Así que llegué a sacarlo de abajo del asiento... Digna, bien digna, estacionada en la vereda luchando con el gato y cubierta de pelos en mi ropa negra recién lavada de fin de semana... Al parecer el Kracho decidió que botar todos los pelos que le sobraban en ese momento era la mejor defensa contra la muerte. COSA QUE HIZO.

Llegamos finalmente: yo toda rasguñada y cubierta de pelos y el Kracho cada vez más convencido de que no era la muerte lo que lo esperaba sino la tortura hasta el fin de los tiempos. Al menos su defensa ante eso fue no moverse más y empezar a tiritar. Al menos eso fue más manejable, pobre.

Lo chistoso de esto fue que en medio de la consulta me llama el mono y me dice como si me informara de un olvido cotidiano de llaves o papeles: "se te quedó un gato". Ante lo cual no pude sino estallar en risa ante la ridiculez de esta situación.

En resumen: el Kracho está bien (bien gordito... pesa 6 kilos!) y al día con sus vacunas y la ida del Demian el veterinario quedó para la otra semana... Enough for one day!!

PS: No hay fotos esta vez pero prometo para la próxima: es que cambié de PC a Mac :D y no he traspasado las fotos aún, cosa que pretendo hacer prontamente. Nos vemos!

Sunday, May 22, 2011

Peludo perdido

Holaa!!

Estoy de vuelta! A pedido del público (aunque no lo crean, hubo público que exigió que volviera) me obligo a tomar el computador para contar cosas peludas a pesar de que me duele una muñeca y la tengo algo inmovilizada :(



El otro día fuimos a la plaza Las Lilas, como es nuestra costumbre todas las tardes después de la pega, y nos vimos involucrados en una situación lamentable y angustiosa. No por nuestra voluntad, por cierto, ya hemos hablado del nivel de involucramiento que deseamos con el resto de la comunidad de la plaza...

La cosa es que llegamos, soltamos a Rostito, como es habitual y partimos tras de él atentos a sus necesidades de... recogimiento, por decirlo así. Recogimiento de caca en bolsitas, por cierto. Estábamos en eso y se nos acerca una tipa del grupúsculo habitual y nos informa que se había perdido "la Flo" y que ayudáramos a buscarla. Horrible. Sobre todo porque la verdad ni mi marido ni yo teníamos la más mínima idea de quién era "la Flo", por lo que buscarla en una plaza oscura nos era una tarea más bien hostil.

Como queríamos ser decentes y parecer solidarios, nos encomendamos a la tarea, previo a escuchar por ahí que Flo era una Foxterrier pequeñita. Vagamos sin rumbo por la plaza más paseando a Rusty que otra cosa, pero con el ojo alerta por si veíamos a la perrita perdida. La verdad, como poca esperanza, ya que si la horda habitual, armada de linternas y voces chillonas incansables, no había pillado al can, era difícil que nosotros -que ni sabíamos cómo se veía el perro- pudiéramos dar con ella.

Rusty en tenida de invierno


Y luego vimos lo peor... un espectro sacado de lo más profundo de nuestras peores pesadillas. Pasó por al lado nuestro la dueña de la Flo, llorando como un becerro y mascullando entre sollozos si no habíamos visto a su perrita que se le había perdido y que no sabía qué hacer y buhus. Terrible. Hasta las almas más vacías e indolentes como las nuestras no pudieron sino conmoverse. Y así fue como nos dimos a una búsqueda algo más activa del can perdido.

En esta labor nos topamos con varios otros dueños de perros con sus perros mucho más cerca que de costumbre: los chicos con correa y los grandes siendo llamados a comparecer cerca de sus dueños mucho más que de costumbre. Al menos así fue para Tosti ese día.

Qué sería del mono si se perdiera Rustyto??
Era inevitable pensar en qué pasaría si ese perro perdido fuera el de uno... 

Fantaseamos colectivamente con una banda de hampones rapta perros, con el atropello desalmado de los peludos, con perritos flaquitos vagando perdidos sin poder encontrar sus casas... básicamente tragedias. Y rozamos la dimensión de lo que significan nuestros amigos peludos en nuestras vidas y ese día los quisimos un poquito más.

En ese onanismo mental el mono me comenta que la niña del perrito perdido podría ir a buscarlo a su casa, que a veces los perros cuando se pierden vuelven a lo conocido. Y en eso estábamos cuando aparece la dueña radiante con la perrita en brazos... la perrita, muy ufana, se había ido a la casa, el portero le abrió la puerta y estaba esperando calentita a que terminara la debacle en la plaza. Y todos fuimos un poco más felices, aunque claramente no como el esbirro que ahora más bien parecía un día de verano: sonreía a más no poder y  vestía de amarillo. En realidad siempre vistió de amarillo, pero el efecto es más relevante acá.

Dos lecciones: quiero mucho a mi perro y SIEMPRE ténganlos con una plaquita de identificación con el teléfono.

Qué sería de mí sin alguno de mis peludos??

Sunday, April 24, 2011

Toyotomi Time

Ok, el frío ha empezado con todo y en el depto es tiempo de desempolvar las estufas y comprar parafina. 

Algunos datos respecto a los métodos de calefacción de la casa: la calefacción central del edificio no es una opción. Es carísima y cunde poco, porque siempre tenemos que tener la ventana de la terraza del living algo abierta para que los cuts puedan ir a su caja de arena. Eso nos hizo peregrinar por varios métodos de calefacción, pasando por guateros, múltiples mantitas, estufas eléctricas, etc. Hasta que hace un par de años adquirimos una Toyotomi la que, tal como La Mecca, terminó nuestro peregrinar con éxito.

Con los gatos, fue un éxito absoluto inmediato. Olvidaron todo amor por mi, por el mono, por las camas y por cualquier otra cosa, para pasarse horas a una imprudente distancia del monolito-escupe-aire-caliente. El Kracho se quemó los bigotes y el Demian no, pero de todas formas permanecieron ambos todo el invierno adorando a la Toyotomi con un amor que nunca han profesado por nada más.



El año pasado incrementamos la población de Toyotomi con una de esas redonditas que no tiran aire pero que tienen una suerte de quemador y genera el efecto fogata en la casa: todos alrededor de ella. A veces, por las noche, cuando todo está quieto, si se escucha atentamente se oyen las voces de los gatos cantando el Cumbayá a su nueva amiga.

Así de felices...


Con el Rusty ha sido toda otra historia...

Notemos primero que la lealtad del can a su amo, el mono, es inalienable, imperturbable, sin fin y magnífica. Hasta que llegó el invierno y se prendió la estufa. No hicimos sino darle on, para que el perro huyera despavorido a perderse en el punto más lejano posible a la estufa... No sabemos si es el aire caliente, el olor imperceptible a parafina o simplemente su presencia, pero Tostito no tolera la estufa. Prefiere helarse.

El año pasado esto requirió de un estudiado proceso de desensibilización sistemática del perro: básicamente ignorarlo hasta que se le pasara la hueá. Lo que tomo como dos semanas... O_o

Al final del invierno los tres peludos dormían felices frente a las estufa, pero el verano parece haber borrado las huellas de tan cuidado proceso de quitarle la fobia al perro. 

Hoy prendimos la estufa otra vez y el perro huyó despavorido, como si prenderla fuera una sentencia a la muerte más lenta y dolorosa imaginable. A tal punto que como su comida está en la pieza de la estufa, agarró un puñado en su boca y se la trajo al dormitorio a comer... Sólo poniendo un pasillo de por medio fue capaz de tragar. 

Así que nos esperan un buen par de semanas de ignorar, perdón, desensibilzar al perro...

Monday, April 18, 2011

Animales poseros

Este post será más bien gráfico y se trata de momentos en los cuales mis animales se han visto particularmente poseros o graciosos y he tenido la fortuna de poder captarlos.

Posando en la cama recién hecha, algo que se da sólo una vez a la semana y por  pocas horas
Posando en el baño mientras me miran con desaprobación. El Demian. Porque el Kracho más bien me mira turnio.

Posando en una silla que, en el mundo de las sillas, también es siamesa.

Siempre me ha parecido que la compostura infante del Rusty en esta foto parece como de niño en primer día de clases. Y no fue tan lejano a eso, porque esta fue la primera vez que lo llevamos a ver una competencia de Agility.

Nada más posero que la foto a contraluz...
Kracho y su caja favorita: la del Kindle. No durmió en un lugar que no fuera ese como por dos semanas. Creo que aún no la podemos botar...

Un clásico: aprovechar la obediencia del "stay" del perro para sacarle fotos

Y la que culmina todo lo que es la foto posera: la más posera de todas. Gente efectivamente me ha preguntado si esta foto es de estudio... Como si estuviera tan saiko como para llevar los gatos -disfrazados- a sacarse fotos a un estudio.


Cutini's Next Top Model

Thursday, April 14, 2011

Etiqueta en la plaza

Este es un tema polémico. Me imagino que hay mucha gente que piensa distinto que yo, pero esta es, al menos, mi visión de las cosas que uno debe hacer y no hacer cuando lleva a pasear a su perro a la plaza:

  1. DEBE: Recoger la caca de su perro. ¡No se haga el leso! Nos damos cuenta cuando mira para otro lado si su perro se pone en aquella característica posición!!! No tener bolsitas tampoco es excusa. La verdad es que la mayoría de la gente que lleva sus perros a las plazas públicas (al menos por donde yo vivo, amorosos...) son personas decentes que siempre andamos con bolsas. Es decir, si se le quedó la bolsa -o, digámoslo bien, nunca la llevó- pida una, siempre habrá alguien que le pueda pasar un recipiente adecuado para levantar los ascos de su perro.
  2. DEBE: evitar que su perro se afile a otros perros / perras. No es de buena crianza dejar que su perro desate movimientos pélvicos sobre otro animal (o persona o parte de persona, por cierto) y quedarse mirando impertérrito. No es decente. Lo que aplica en ese momento es que rete a su perro y si la pasión es mucha y no lo pesca, vaya y sepárelo!! Convengamos que a nadie le gusta que se lo anden afilando en la calle. A los perros tampoco. Verbalizaciones del tipo "es que él es un galán, un campeón", si no son acompañadas del acto de retirar al perro de su última presa, no son aceptables. La verdad, de cualquier forma no lo son.
  3. DEBE: gobernar a su perro si muerde o agrede a otro. De la misma forma que con el afilamiento, el que su perro muerda a otro o lo agreda de cualquier forma no es aceptable. No se quede mirando como idiota, vaya y haga algo!! Es más, si su perro es de esos que suele ser agresivo, lo esperable es que lo tenga amarrado cuando hay más perros. Chillar "ay, ay, ay se están pegando!!" tampoco es una conducta aceptable. Ni útil.
  4. DEBE: evitar que su perro hostilice a las personas que pasean por el lugar. Si la gente reclama, lo más probable es que los guardias / carabineros / municipalidades actúen en favor de las personas que no tienen perros, porque suelen hinchar más. Así que evite problemas, porque siempre salen perdiendo los perros.
  5. DEBE: devolver un juguete a su dueño si su perro interrumpe la carrera del perro original y le roba el juguete. Esto es decente. Si bien a veces al dueño no le importa que usen su juguete, es de buena crianza devolverlo.




  1. NO DEBE: levantar a su perro si otro lo ataca. Esto sólo hace que el perro atacante sienta que puede acceder más fácilmente al perro atacado y salte para morderlo. Suele ser mejor dejar que los perros arreglen sus diferencias entre ellos. La verdad, ellos manejan la etiqueta de los perros mejor que uno.
  2. NO DEBE: asumir que si un perro chico pelea con un perro mas grande, es el grande el agresivo. De hecho, suele ser el mas chico. Hay una regla con respecto a los tamaños de los perros que, en mi humilde experiencia, siempre se cumple: los perros chicos se creen grandes y los perros grandes se creen chicos... ¿Quienes suelen ser los más agresivos? Los chihuahuas, los poodles. Y los grandotes andan giloteando por ahí, dejando que los chicos les ladren, los hostilicen y hasta los muerdan. Así que no porque su perro sea chico será siempre la víctima.
  3. NO DEBE: darle comida o treats a un perro que no es el suyo. No todos aprecian las mismas comidas y no todos los perros saben comer como la gente los huesos o cartílagos. Y por cierto que no todos los perros saben comer como señoritos cuando les dan un palito de cartílago y carne y NO TODOS SABEN QUE HAY QUE MORDERLO ANTES DE TRAGARLO!!

  1. ES DECENTE: Llevar agua para su perro. Especialmente en verano. Si va a estar más de un paseíto casual de quince minutos, lleve agua para su perro porque si no, lo que pasa es que su pobre can, sediento, se tomará el agua de las otras personas más responsables que llevamos agua. Un perro en verano toma MUCHA agua, porque corren a pleno sol y no transpiran como los humanos, entonces HAY que darles agua en cantidad. Que su perro se tome toda el agua de otro perro no es muy decente. De la misma forma, es decente convidar agua a otros perros sedientos si usted tiene agua.
  2. ES DECENTE: no jugar con un perro si sus dueños no juegan con el o lo tienen castigado. Por algo será. Entrenar a un perro requiere de disciplina más allá de lo que la mayoría logra (por eso la mayoría de los perros no se comportan y no están entrenados) y requiere de consistencia y paciencia. Por eso, si el dueño de un perro reta a su perro, no le preste ropa al perro; sólo entorpecerá el proceso de entrenamiento.
  3. ES DECENTE: saludar a las personas con las que se topa frecuentemente. Si bien no es necesario socializar en extremo, no le cuesta mucho saludar. Más allá de eso, las interacciones y las relaciones se suelen autorregular: la gente que le gusta la conversa se junta, mientras que la que es más autista orbita alrededor de sus perros y no se junta en grupos, sino que más bien tiende a conversar un par de cosas y luego alejarse a hacer lo suyo. Resulta conveniente estar atento a esta dinámica natural que sucede y procurar no alterarla. No acose a los solitarios, no lo apreciamos.

Wednesday, April 6, 2011

Demian y las bolsas

Demian gusta de las bolsas plásticas como yo gusto del chocolate o los Nerds. Es una atracción tan irresistible como incomprensible, que ataca en momentos insospechados e inoportunos, de día, de noche o en medio de los más inapropiados momentos.

Nadie sabe lo que el Demian ve (o más bien chupa) en las bolsas, pero todas son, para él, un manjar: las del supermercado, las del confort, las pirujientas que compramos para recoger la caca del perro, las de basura, esas en las que viene la comida a domicilio... todas. No es que haya un común denominador más allá del hecho de ser bolsas, no es que tengan restos de comida, no es que huelan a algo especial, no es tampoco que suenen de cierta forma. Simplemente son bolsas.

Sí he de agregar que al desenfrenado langüeteo de bolsas se suma un frenético ídem a la cortina del baño, así que asumo que algo hay en el plástico. Asumamos que Aremicito tiene deficiencia de plástico?

Y bueno, una cosa es que las chupetee, pero lo que ya escapa a todo sentido común es que ignore camas calentitas, cojines blanditos, humanos alérgicos y cajones llenos de ropa para ir muy campante e instalarse a dormir una siesta en una... wait for it... bolsa.............


Quién lo puede entender?? Quién deja de lado una cama o una falda para ir a instalarse en la bolsa del confort que está sobre la cerámica dura y helada del baño y más encima tener la desfachatez de mirarme con tal cara de desprecio y amenaza cuando osé fotografiar tal acto???

Ya hemos establecido que Demian es especial y esto es sólo uno de los muchos hábitos que confirman ese hecho.

Se viene el invierno

El otoño siempre es una estación feliz para mí. Primero ya no hace un calor cerdo y segundo porque vaticina la llegada del invierno que trae ya de lleno el frío y la lluvia, ambas cosas que me placen en demasía!

Pero además de eso, la llegada del invierno y el frío traen otras consecuencias a mi casa: los animales, como en todo el mundo, migran. Hacia nuestra cama. Los gatos consideran que los humanos (más bien yo) somos una aceptable fuente de calor y cada vez más eso deriva en que amanezco rodeada de -y a veces sepultada en- gatos.

Por su parte, el perro también considera que hay que dormir en la cama y la cosa va más o menos así:


Claro que al espacio azul que me queda hay que sumarle un gato a los pies (Demian) y uno abrazado conmigo (Pankrasio).

Debo reconocer que la verdad es que, bromas e incomodidad aparte, esta situación es principalmente deliciosa para mí. No hay nada mejor que acostarse con frío rodeada de cutinis, perroscafés y mi mono!

Y luego, cuando el frío ya se instala y las estufas empiezan a reinar mi casa (no podemos optar a la calefacción central porque hay que tener siempre abierto para los gatos y no sale muy a cuenta la cosa si todo se escapa por la ventana) empieza la verdadera batalla: un ajedrez complejo de posiciones y movimientos sutiles para establecer quién tendrá la posición estratégica frente a la Toyotomi.

No está de más mencionar que esa batalla la suelen ganar los gatos.


Sunday, April 3, 2011

Rompí al peludito :(

Rusty venía cojeando intermitentemente hace algunos días. En distintas patas, por lo que nos preocupamos mucho, ya saben cómo dice el dicho de las cojeras de perro... Pero ayer en la plaza también cojeaba y como ya era mucho le revisamos las patitas. Resulta que tenía ampollas reventadas en todas sus patitas, en los cojincitos. Sobre todo en las de adelante. Por eso cojeaba con patitas de forma intermitente: porque le dolían todas!!

Revisamos la historia de la semana y finalmente atinamos que el día que me lo llevé a la oficina el pobre salió a jugar al pasaje como a las 3 de la tarde, con harto calor y ahí debe haberse hecho ampollas en las patitas, las que se le fueron reventando en la semana y le quedó la carne ahí expuesta. Pobre.

Lo que me llevó a recordar otro triste episodio de cuando Tostito tenía 3 meses y era una de las primeras veces que lo sacábamos a pasear y correr a la plaza. Era invierno y yo andaba con bototos. Hacía frío. Corríamos por el pasto y pasamos por un árbol de raíces asomadas, donde me tropecé con el cancito pequeño y lo pisé. Chilló de estremecedora y espeluznante manera, yo pensé que había arruinado el cachorrito. Por suerte, sólo le duró unos días, claramente menos de lo que a mí me ha durado la culpa.

Era así de pequeñito y yo lo pisé con toda mi humanidad
Y lo peor es que Rusty no ha sido el único damnificado de mi torpeza, el Demian me dio un susto dantesco hace un par de años. Por mi culpa, again. Resulta que le había traído un collar bien bonito de Estados Unidos y se lo había puesto hacía unos días. Un domingo lo encontré un poco apretado -Demian había crecido- y se lo solté un poco. 

Demian con su collar

Ese día fui a almorzar con mis papás y el Demian, como siempre se quedó en el departamento, cuidándolo fielmente. Yo debo haber salido a eso de la 1 y volví como a las 4. Abrí la puerta, como siempre y la escena que me encontré era sacada de película de terror: me esperaba el Demian, mudo, exhausto, cubierto de sangre de la boca a las manitos, entero chorreado.

Pasado el shock inicial de qué cresta le pasó a mi gato, corrí a ver qué le pasaba y rápidamente caché que se le había enganchado el collar en la boca, al tratar de sacárselo. La estúpida se lo había dejado demasiado suelto y ahora había roto a mi gatito. 

Atiné lo más rápido que pude a cortar el collar y a evaluar cuán rota tenía su boquita. Lo limpié un poco y por suerte vi que no tenía roto mucho más que las comisuras de la boca, las que sangraron mucho y por eso estaba bañado en sangre, ¡Pobrecito! Quizás cuánto tiempo había estado así...

Después encontré manchas de sangre en las puertas donde me fue a buscar por si estuviera yo durmiendo en la pieza, lo más triste que hay...

Lo llevé al veterinario de urgencia (obviamente que estas cosas pasan en domingo) y le vieron su boquita. Se rompió las comisuras y la lengua, pero por suerte nada grave. Lo desinfectaron y me lo pude llevar a la casa con una dieta de pura comida blanda en lata porque le dolía la lengüita.


Así que hoy no me siento la mejor madre de peludos del mundo. Me siento más bien penca. Por suerte el Krachito aún no cae ante mi torpeza, espero que no lo haga.

Y bueno, al menos hasta ahora los pobres me han logrado sobrevivir. Y lo peor es que me quieren con una incondicionalidad insospechada. No les importa nada. El Demian ni me miró con desaprobación tras ese incidente -como suele hacerlo todo el resto del tiempo-, sólo con agradecimiento, como si yo fuera lo mejor que le podía pasar en ese momento: la solución a todos sus males. Lo mismo Rusty cada vez.

I hope I can live up to their expectations.

Thursday, March 31, 2011

Rusty en la oficina

Hoy Rustito vino a trabajar conmigo. El mono se tuvo que ir a una reunión de pega en Viña e iba a estar todo el día fuera, así que me vine con can y todo a la pega, previa venia de mi jefe y entusiasmo de parte de mis compañeros.


Rusty es bien portado, la verdad es que huevea poco y con sacarlo un par de veces a dar una vuelta por la cuadra para que hiciera sus cosas no hubo drama.

En la oficina fue la sensación del momento: todo el que pasaba chillaba un poco y la mayoría caía en la tentación de tirarle una pelota o una botella o lo que sea, enfrascándose en una dinámica interminable de humano tira - perro va a buscar - humano tira - repita hasta el fin. Rusty fue feliz y creo que la gente en la oficina también.

Lo que me lleva a pensar que uno debería poder ir a trabajar con su perro si es que este es decentito y bien portado como Rusty. Aporta al ambiente, todos son más felices y la verdad es que, al menos a mí, el día se me hizo muy corto.

Imagino que a Rusty también, porque cuando llegamos a la casa de la pega, previa pasada a jugar a la plaza, Rusty cayó en un coma profundo del que vino a salir con suerte hoy en la mañana para nuestra habitual salida. Claro, como en la casa habitualmente duerme su buen par de siestas largas mientras el mono trabaja y en la oficina conmigo durmió a lo más 10 minutos... llegó hecho bolsa. Lo reacomodamos como 15 veces en posiciones absurdas sobre la cama, just for the fun of it, y ni se dio por aludido. Bless him.

Por mi parte, fue un agrado sentir que tenía una cola. Cada vez que me paraba a hablar con alguien o al baño o a donde fuera Rusty me seguía de cerca. Supongo que como el ambiente le era un poco más ajeno y como al final el perro es bien mamón, no se me despegaba. Hasta al baño me lo tuve que llevar!

Fuimos a almorzar a los chinos de al frente que no se hicieron atado por el perro en la terraza, comimos carne mongoliana, fuimos a por un helado y nos encontramos con más compañeritos de la oficina en el camino de vuelta. Todo fue un éxito.

La tarde fue bastante tranquila, como pueden ver...



Como buena madre, le llevé su plato de agua y un hueso para que se entretuviera mientras yo trabajaba, aunque la verdad diversión no le faltó, porque siempre hubo alguien dispuesto a tirarle algo o al menos a conversarle con cara de gil, cosa que Rusty valora.

En resumen, propongo un Rusty day para todas las oficinas, es barato y todos son más felices.

P.S.
Al día siguiente la gente me recibe con: "hoy no viene Rusty? Cuándo viene de nuevo?" a lo que yo respondo que cuando el mono tenga reunión en Viña de nuevo.

La respuesta fue unánime: "ay, ojalá que tenga que ir harto a Viña...".