Convivir con perros y convivir con gatos en invierno es algo totalmente distinto que extrema las diferencias entre una y otra especie y la relación que uno entabla con ellos.
Por ejemplo: todos se vuelven más melosos y cariñosos, no es raro: tienen frío y quieren abracitos. Pero de noche, cuando hay que compartir la cama y la Scaldasonno es muy distinto si es con un gato a si es con un perro... Los gatos son bienvenidos, de un tamaño aceptable, bien peluditos, calentitos, como un guatero pero que no se enfría durante la noche. A menos que mueran, pero eso es poco probable. Deliciosos y blanditos, además se acomodan a cualquier rinconcito donde quepan y se quedan de lo más quietecitos. Una delicia para compartir la cama en invierno!
En cambio los perros... los perros... sigh. Los perros sí, son calentitos, pero no son blanditos, no se quedan quietecitos, no se conforman con un pequeño espacio y al menos el mío parece crecer como 50 cm y 20 kilos en la noche!!! Yo no sé si tendrá epilepsia del sueño o simplemente al getón le gusta mucho moverse y reacomodarse de noche. Y resulta que justo sus reacomodes son de la siguiente forma: se acuesta entre el mono y yo. Ya, tierno, le hacemos algo de cariño y se duerme. Cute. Hasta que se duerme más profundo y se empieza a estirar. Yo estoy convencida que en ese proceso se le estiran las patas, porque el espacio que logra ocupar es muchísimo más del que uno se imaginaría de un humilde perro flaquito de 17 kilos.
Todo ese espacio ocupa!!
Entonces apoya la espalda contra uno de los dos y estira las cuatro patas hacia el otro. Y EMPUJA!!! perro de mierda! Cómo lo odiamos de noche!! Entonces el mono se dedica a echarlo de la cama sólo para que el perla espere un par de minutos hasta que cree que nos dormimos y se sube de nuevo a la cama para empezar el proceso otra vez... Y claro, a esas al turas el mono ya ronca pero yo ya me desvelé para siempre, o al menos por un par de horas. Y vamos empujando a los humanos de la cama.
Este es su ideal: ocupación total de la cama con erradicación de todo otro ser vivo
A esto se suma que yo ya había cedido un poco de espacio a los gatos... aunque ellos son re decentes y suelen quedarse a los pies de la cama (da el caso que la Scaldasonno también está ahí...)
Pequeñitos, moderados y más encima se juntan para ocupar menos espacio
Así que así están nuestras noches, parte batalla campal, parte juego de estrategia de tablero, de esos donde la meta es ocupar la mayor cantidad de territorio con las movidas estratégicas más inteligentes y previsoras... Y en parte delicioso porque todos juntos dormimos más calentitos!!!
El fin de semana pasado, que era largo, me tomé un par de días y nos fuimos de viernes a martes a Malalcahuello. Al sur. Al campo. Con el perro.
Los cuts quedaron al cuidado de mi madre, quien vino todos los días a darles comidita, besos y abrazos. Y a limpiarles su arena. Vayan mis agradecimientos públicos.
Y bueno, fueron 9 horas en la carretera en las que Tosti se portó insospechadamente bien: se quedó casi todo el tiempo sentado o parado mirando para afuera, todo matizado por algunas siestas en el asiento de atrás. Muy decente. Un buen augurio para el fin de semana, ya que no sabíamos realmente cómo se iba a portar.
Temíamos que el perrito le temiera al sur, a las ovejas, a los perros de allá. Temíamos que pisara la nieve y se devolviera al auto... Temíamos que el frío lo mantuviera dentro de la casa. Y el pronóstico era de 10 grados bajo cero para ese fin de semana...
Pero no, Rostito se encargó de taparnos la boca con cada uno de nuestros pronósticos con respecto a su miedo. Le abrimos la puerta en la casa y saltó a la nieve como el perro más feliz del mundo!!
Saltó y corrió como si la nieve fuera lo más glorioso del mundo. Y bueno, la verdad es que yo creo firmemente que la nieve ES lo más glorioso del mundo. Así que bien por Rusty, compartimos una primera afición en común en el sur: caminar por la nieve y sentir como las patitas se hunden en una capa blandita y crujiente de nieve recién caída hace un día. Patitas ya sea con zapatos o con pelo.
Parece recién entrado a Narnia!!
Y bueno, así con el perro en el sur. Estaba en su elemento, feliz como lombriz, conociendo de todo: árboles nuevos, animales nuevos, nieve, hielo, frío de la CSM y calefacción a leña.
Y así fue como se configura la escena siguinte: entra de pescar en el río un amigo de mi suegro con unas pierneras de cuero de oveja que se había mandado a hacer ante las cuales... el perro salió corriendo como desaforado!!! Le tuvo pavor a las pierneras!! Primero nos dio risa, pero cuando cachamos que Rustito realmente sufría y creía que esa criatura del averno venía a por su alma de perro para torturarlo hasta el fin de los días... bueno, ahí ya no era tan chistoso, porque la verdad el pobre llevaba un buen rato huyendo del individuo y se notaba que ya no estaba feliz...
Y así con la fe que le teníamos al perro pastor. Huyendo despavorido de una oveja muerta... Lo más triste fue que tras sacarse las pierneras, el ser las dejó en un rincón, al lado de la chimenea y Rusty no quiso ni acercarse! Por casualidad cayó ahí su juguete con el que estábamos jugando y no quiso acercarse a buscarlo... lo cual ya era mucho, porque si hay una cosa que enloquece a Rusty y lo hace olvidar todos sus males, son sus juguetes. Y nada... ahí dejó su Wubba, en medio de los cueros de oveja.
Así que ya perdíamos las esperanzas de que el instinto alguna vez se hiciera presente en nuestro Border Collie miedoso. Total que mejor nos dedicamos a pasear con él.
Y así llegamos a uno de los últimos días... cuando pasaron las ovejas por fuera de la casa... la prueba de fuego.
Pasaron al lado y algunas se detuvieron en la entrada. Y sacamos al perro... al perro pastor miedoso a ver qué hacía, preparados para salir corriendo detrás de él si tenía una reacción parecida a lo que pasó con las pierneras.
Una oveja paró frente a la casa y nos miró desafiante. Una oveja casi negra, por lo demás. Y vio a Rusty. Y Rusty la vio. Y se quedaron mirando. Desafiantes. Instintivos. Y nos preguntábamos si ganaría el instinto pastor del perro... o el instinto asesino de la oveja. O el miedo de la Border Cola.
Y partió, la oveja corrió. Y ahí fue el perro, detrás de la oveja.
Rusty es un pastor!!! Todo el instinto de ir tras el rebaño le vino...
Y así ahora cada vez que ve un rebaño parte detrás on command!!
Lo más impresionante fue ver como el perro, sin que nadie se lo hubiera enseñado y sin nunca haber visto a un perro pastorear (ni a un humano tampoco por lo demás), va detrás de las ovejas y cada vez que una se escapa del rebaño él parte hecho un celaje detrás de esa oveja y la devuelve al rebaño. Como que no tolera que una se le escape.
Así que quedamos de lo más orgullosos del can, hinchados como pecho de paloma del hijo tan superdotado que tenemos.
Tal que cuando nos devolvíamos, paramos en la carretera en una Copec a echar bencina y yo llevé a Tosti a pasear, cuando un tipo me pregunta que qué perro es y que si es pastor y la wea y yo le contesté que sí, entonces hicimos un par de trucos y el tipo me dice: "esos perros deben ser bien caros sí..." a lo que yo le contesté sin dudar: "Sí, mucho, uno entrenado como él cuesta entre 5 y 7 millones".
(Este blog llevaba escrito un buen tiempo pero queria postearlo con las fotos del caso, así que ahora va)
Y bueno, como no hay plazo que no se cumpla... el sábado le tocó al Demian ir a veterinario.
Preview: lo del Demian no fue como lo del Kracho. El Kracho aceptaba estoicamente su destino... el Demian NO.
Sábado en la mañana, como siempre fui al estadio bien temprano, luego dimos una paseo por el Bicentenario con Rusty y siguiendo en las actividades animalísticas me dispuse al llevar al Demian al veterinario, que es lo que correspondía esta semana.
Para empezar, el Demian no estaba tan dormido como la semana pasada, por lo que ya ponerle el arnés no fue tan fácil como con el Kracho. Se resistió, luchó y reclamó, pero lo logramos con cierta... gracia. Aún.
Tomarlo en brazos para bajar ya fue complejo. Me cachó al tiro que no quería sólo sacarlo a pasear al pasillo sino que meterlo a la fuerza a la cámara de tortura sin fin: el ascensor. Y empezó el reclamo. Físico y auditivo, es decir que me clavó las uñas en el hombro y se puso a chillar como desaforado, con ese chillido bajo y prolongado de los siameses que te dejan en claro -y a todos a tu alrededor- que eres una mierda de persona por hacerle lo que sea que le estás haciendo al pobre gatito. Ese chillido se parece bastante al del ritual de apareamiento de los gatos. Espero que Demian lo haya pensado en el primer sentido...
Llegamos al lobby del edificio. Podría haber pasado piola, pero no such luck: había una reunión de conserjes en la recepción. Y claro, el escándalo tornó todas sus enjuiciadoras cabezas hacia mí... Y bueno, ante la queja constante, lastimera y sin par del Demian, no me quedó más que poner cara de circunstacia mezclada con estupidez (siempre he creído que a la gente estúpida se la juzga menos).
Añadí -sin que fuera necesario, por cierto- que el gatito (demonio) iba al veterinario y no estaba muy de acuerdo (lo cual era tan evidente que debo haber despejado todas las dudas de los conserjes con respecto a mi CI normal lento) y partí al auto. Sinfonía peluda en brazos.
Llegué al veterinario y para maldición de maldiciones, mientras sucedía toda esta indignidad del gato indignado, tuve que esperar a que saliera otro paciente peludo de la consulta. Uno bastante más bien portado que el Demian, por cierto...
Y mientras esperábamos, puse al Demi en el suelo a ver si se calmaba un rato y no halló nada mejor que ir a instalarse en las camitas y casitas para gatos que tenían para vender. La verdad es que ahí se escondió y se quedó callado así que me quedé calladita procurando que el Demian no hiciera demasiado s destrozos cosa de no tener que, además de todo el show y la vergüenza, comprarle una camita nueva al perla. Pasamos piola, no tuve que pagar destrozos, aunque tal vez debería haber ofrecido a sacar los pelos...
Y así fue que pasamos. Ya no había tanto show y pudimos hacer lo nuestro:
El gatito amarillo fue gentileza de Eduardo, veterinario de los peludos en un intento por calmar el cut.
intentando escapar...
Rabia y Triple, all done!!
Y bueno, al final todo salió bien y reconozco que le compré al Demian una latita de comida de esa deliciosa que cuesta como dos lucas la lata... se lo merecía por tanto sufrimiento!!
Contexto: yo soy hija única. No tengo hermanos, ergo, soy la única -y perdida- opción de que mis padres tengan nietos. Y mis suegros, si bien ya tienen una nieta, siempre querrán más. Eso se suma a que la verdad con el mono no nos vemos demasiado motivados a tener hijos en el futuro cercano (ni lejano la verdad), entonces, los peludos son nuestra familia.
Lo cual está bastante claro en nuestra casa pero poco a poco he visto como esta dinámica se extiende a nuestras familias extendidas. ¿En qué se manifiesta esto? Pues en varias cosas:
Comida: cuando Rusty va a la casa de los abuelos (either set of them) es invariablemente llenado de comida -tanto nutritiva y adecuada como no- y no precisamente de parte de nosotros. Algunos hitos: galletas y palitos para los dientes comprados especialmente para él, pan, pan untado en jugo de carne, pan untado en cerveza (¡! eso fue hoy...), una sémola con mermelada completa, quesos de variados tipos y procedencias, papas fritas y un largo y delicioso etcétera. Esto es más evidente con Rusty porque los gatos la verdad es que son bastante más quisquillosos y recelosos con lo que ponen en su boca y no necesariamente consideran que el hecho de que se les ofrezca implique que haya que comerse algo. Bueno, tal vez el Kracho sí...
Privilegios: A Rusty le abren todas las puertas necesarias, le prestan platos, le aguantan que entre a las casas y que salga a placer... una enormidad de privilegios que nosotros nunca gozamos ni de niños ni de adultos. Qué decir de los gatos, a quienes se les permite el langüeteo guerrillero de los pelos de los abuelos (especialmente de mi papá), el frotteurismo obsceno en las piernas y chalecos de lana de colores oscuros y el acoso incansable en busca de abrazos que sólo serán rechazados el segundo en que los reciben.
Cuidados: digámoslo claramente: mi madre limpia la arena de los gatos más que yo... y ella no vive conmigo!! Convengamos en que yo he delegado esa tarea en la nana y reconozco que a veces más que limpiarla, la relleno... Mientras mi madre que viene a cuidar los gatos cuando salimos limpia su arena con un cuidado que sé que ni yo tendría... Lo apreciamos!! :D
Perdonazos: Esto tiene que ver con el clásico malcriamiento de los nietos: el perdonazo de maldades varias. Rusty ha hecho cacas y hoyos a destajo en el patio de mis padres, el cual cuidan como hueso santo y gracias al cual yo me llevé uno que otro reto en mi infancia. El pasto sagrado, las rosas milenarias y los frutales a quienes hay que reverenciar han pasado a segundo plano cuando visita el nieto estrella. Y qué decir que cuando lo retamos por algo que no debe hacer, el reto finalmente me lo llevo yo: que por qué eres tan mala, pobrecito, si es tan bueno, se porta tan bien, si ese cojín ya estaba viejo, deja que se lo coma...
Y así es como la llegada de estos peludos ha repercutido en la dinámica de toda la familia. ¿no les pasa?
Ayer me dispuse a llevar a los gatos al veterinario. Tenían algunas vacunas algo atrasadas y la verdad es que siempre me ha preocupado un poco lo cerdo que es el Kracho (cuya última fascinación es chupar los cuchillos que dejo en el lavaplatos tras hacerme una tostada con mantequilla). Así que mi plan de sábado en la mañana fue llevarlos a los dos a veterinario.
Plan A era llevarlos a los dos juntos, para lo cual me dispuse tanto anímica como logísticamente. Los agarré a los dos medios dormidos y les puse sus arneses con éxito: casi ni se dieron cuenta. De hecho se quedaron medio dormidos en la misma mantita en la que los pillé y a lo más atinaron a mirarme algo consternados pero sin mucha sospecha de mis planes.
Perfecto, íbamos flawless! Aprovechando que estaban medio dormidos aún dejé lista la cartera, llamé al veterinario y me metí las llaves del auto al bolsillo, le dije al mono que me iba con los gatos: todo listo para la operación cut.
Y ahi fue cuando tuve que acudir al plan B... Lista y dispuesta y con toda la energía de llevar a cabo la tarea maratónica que tenía por delante agarré al Kracho en un brazo, al Demian en otro y me dirigía la puerta. El Kracho hasta ese momento se lo bancaba bastante bien. El Demian estaba algo squiggly. Pero no calculé el hecho de que un gato en cada brazo me imposibilitaba de tomar la cartera o las llaves...
Lo intenté. Heróicamente. Bien por mi. El Demian cada vez más indignado comenzó a manifestar su desaprobación por mi plan de forma verbal y bien sonora. El Kracho lo manifestó de forma uñística - en mi hombro.
Y ahi fue cuando vi que mi plan siempre estuvo destinado al fracaso... Pero no me desanimé! Raudamente solté al Demian y recurrí al plan B: llevarlos por turnos. Pues bien. Salí con el puro Kracho que a esas alturas era sólo un par de ojos gigantes y aterrados y nos dirigimos a la veterinaria: un par de cuadras en auto que bien podrían haber sido al matadero para el Kracho, porque esa fue su actitud: procurar esconderse en cualquier hoyo oscuro que hubiera en el auto a fin de evitar la inminente tragedia.
Así que llegué a sacarlo de abajo del asiento... Digna, bien digna, estacionada en la vereda luchando con el gato y cubierta de pelos en mi ropa negra recién lavada de fin de semana... Al parecer el Kracho decidió que botar todos los pelos que le sobraban en ese momento era la mejor defensa contra la muerte. COSA QUE HIZO.
Llegamos finalmente: yo toda rasguñada y cubierta de pelos y el Kracho cada vez más convencido de que no era la muerte lo que lo esperaba sino la tortura hasta el fin de los tiempos. Al menos su defensa ante eso fue no moverse más y empezar a tiritar. Al menos eso fue más manejable, pobre.
Lo chistoso de esto fue que en medio de la consulta me llama el mono y me dice como si me informara de un olvido cotidiano de llaves o papeles: "se te quedó un gato". Ante lo cual no pude sino estallar en risa ante la ridiculez de esta situación.
En resumen: el Kracho está bien (bien gordito... pesa 6 kilos!) y al día con sus vacunas y la ida del Demian el veterinario quedó para la otra semana... Enough for one day!!
PS: No hay fotos esta vez pero prometo para la próxima: es que cambié de PC a Mac :D y no he traspasado las fotos aún, cosa que pretendo hacer prontamente. Nos vemos!
Estoy de vuelta! A pedido del público (aunque no lo crean, hubo público que exigió que volviera) me obligo a tomar el computador para contar cosas peludas a pesar de que me duele una muñeca y la tengo algo inmovilizada :(
El otro día fuimos a la plaza Las Lilas, como es nuestra costumbre todas las tardes después de la pega, y nos vimos involucrados en una situación lamentable y angustiosa. No por nuestra voluntad, por cierto, ya hemos hablado del nivel de involucramiento que deseamos con el resto de la comunidad de la plaza...
La cosa es que llegamos, soltamos a Rostito, como es habitual y partimos tras de él atentos a sus necesidades de... recogimiento, por decirlo así. Recogimiento de caca en bolsitas, por cierto. Estábamos en eso y se nos acerca una tipa del grupúsculo habitual y nos informa que se había perdido "la Flo" y que ayudáramos a buscarla. Horrible. Sobre todo porque la verdad ni mi marido ni yo teníamos la más mínima idea de quién era "la Flo", por lo que buscarla en una plaza oscura nos era una tarea más bien hostil.
Como queríamos ser decentes y parecer solidarios, nos encomendamos a la tarea, previo a escuchar por ahí que Flo era una Foxterrier pequeñita. Vagamos sin rumbo por la plaza más paseando a Rusty que otra cosa, pero con el ojo alerta por si veíamos a la perrita perdida. La verdad, como poca esperanza, ya que si la horda habitual, armada de linternas y voces chillonas incansables, no había pillado al can, era difícil que nosotros -que ni sabíamos cómo se veía el perro- pudiéramos dar con ella.
Rusty en tenida de invierno
Y luego vimos lo peor... un espectro sacado de lo más profundo de nuestras peores pesadillas. Pasó por al lado nuestro la dueña de la Flo, llorando como un becerro y mascullando entre sollozos si no habíamos visto a su perrita que se le había perdido y que no sabía qué hacer y buhus. Terrible. Hasta las almas más vacías e indolentes como las nuestras no pudieron sino conmoverse. Y así fue como nos dimos a una búsqueda algo más activa del can perdido.
En esta labor nos topamos con varios otros dueños de perros con sus perros mucho más cerca que de costumbre: los chicos con correa y los grandes siendo llamados a comparecer cerca de sus dueños mucho más que de costumbre. Al menos así fue para Tosti ese día.
Qué sería del mono si se perdiera Rustyto??
Era inevitable pensar en qué pasaría si ese perro perdido fuera el de uno...
Fantaseamos colectivamente con una banda de hampones rapta perros, con el atropello desalmado de los peludos, con perritos flaquitos vagando perdidos sin poder encontrar sus casas... básicamente tragedias. Y rozamos la dimensión de lo que significan nuestros amigos peludos en nuestras vidas y ese día los quisimos un poquito más.
En ese onanismo mental el mono me comenta que la niña del perrito perdido podría ir a buscarlo a su casa, que a veces los perros cuando se pierden vuelven a lo conocido. Y en eso estábamos cuando aparece la dueña radiante con la perrita en brazos... la perrita, muy ufana, se había ido a la casa, el portero le abrió la puerta y estaba esperando calentita a que terminara la debacle en la plaza. Y todos fuimos un poco más felices, aunque claramente no como el esbirro que ahora más bien parecía un día de verano: sonreía a más no poder y vestía de amarillo. En realidad siempre vistió de amarillo, pero el efecto es más relevante acá.
Dos lecciones: quiero mucho a mi perro y SIEMPRE ténganlos con una plaquita de identificación con el teléfono.